martes, 6 de septiembre de 2011

Lápiz en mano.

Sonaban las 6:30 ya era por la mañana pero aún así no tenía ganas, no había pegado ojo en toda la noche.
Mis ojos se abrieron y se cerraron varias veces hasta que por fin conseguí visualizar aquel hilo de luz que asomaba por mi ventana chocando con cada pared que se encontraba.
Un hocico húmedo se asomó entre mis sábanas, una cola negra como el carbón me dio los buenos días.
-Estás aquí-.logré decir entre tanto bostezar.
Sus largos bigotes me hicieron cosquillas y aunque pareciese que no, me hizo un pequeño guiño.
La mañana se respiraba atenta, inquieta y provocadora.
Me levanté, bajo la atenta mirada de esos ojos verdes y felinos, desayuné, me vestí y salí a buscar a mis vecinas.
Estaba más nerviosa de lo normal ya que iba a verle a ÉL, a él y a su sonrisa bajo esa cara de frustración que me conmovía tanto.
Mientras llegábamos al instituto no escuchaba a nada de lo que me decían, no lo necesitaba, le iba a ver a ÉL.
-¡Esme! ¿Sigues aquí?-. dijo mi amiga.
-Sí, sigo aquí-. contesté yo.
Entré en la clase, me senté y entregué  mis deberes.

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